No es difícil suponer que hoy voy a hablar de la mitificación, esa práctica tan cobarde que siempre detesté y que, según estoy comprobando, en la Universidad se lleva a cabo mucho más de lo normal.
Y es que el hecho de elogiar a alguien partiendo de la hipótesis de que es superior a uno mismo por su propia naturaleza, no es sino una forma de justificar las carencias personales, o dicho de otro modo, sustituimos “sé mucho menos que ese tipo” por “ese tipo sabe mucho más de lo normal porque tiene un cabezón”.
En el primer caso estaríamos ante una frase bastante realista: los dos individuos poseen las mismas capacidades, pero uno las aprovecha mucho mejor que el otro (hay una tendencia a la “desinformación”). Pero lógicamente, alguien que pasa de aprender y mata de aburrimiento a su cerebro nunca se dará cuenta de lo que hace hasta que conozca a alguien que si lo haya aprovechado, y notoriamente.
Sin embargo, dado que al sujeto “desinformado” nunca le habrá dado por pensar más de lo estrictamente necesario, opinará que el sujeto “informado” es un ente extraño, y por tanto le será necesario atribuirle una característica que le haga superior. Todo esto por no asumir que en el fondo si el sujeto “desinformado” no es tan bueno como el “informado” se debe únicamente a su pasotismo.
El motivo por el que este tema me toca las narices es evidente.
Dada la naturaleza egocéntrica del ser humano (salvo en excepciones no honrosas), un cúmulo de egocentrismo que se encuentra ante algo evidentemente superior a él trata de negarlo por el método antes visto, o “la mitificación consiste en explicar que si alguien es mejor que tú es porque hace trampa”, para así poder seguir sintiéndose superior con los demás.
Y ESTO ES UN INSULTO A TU PROPIO CEREBRO. Es decir, yo me sentiría mal si viese que alguien es capaz de razonar mejor que yo, porque, al fin y al cabo, es mi reflexión lo que me hace ser yo, y con la mitificación diría que alguien lo hace mejor, y por traslación, ese alguien tiene una existencia igualmente superior.
Absurdo.
No me voy a extender mucho más con esto, pero, por favor, nunca mitifiqueis a alguien. Estaríais negando vuestras propias facultades.
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